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Dejemos de señalar al caído y empecemos a levantarlo



¿Por qué como cristianos somos tan rápidos para señalar a quienes fallan y tan lentos para extenderles la mano?


Esta es una pregunta que a menudo me hago. Jesús nunca actuó así. Él mismo dijo: “El que de vosotros esté sin pecado sea el primero en arrojar la piedra” (Juan 8:7). Sin embargo, en lugar de recordar nuestras propias debilidades, muchas veces juzgamos a los demás con dureza.


Si queremos cambiar esta realidad, debemos empezar por nosotros mismos. La compasión debe reemplazar la crítica, y la gracia debe ser nuestro motor.


1. Todos somos vulnerables


La Biblia nos advierte: “Así que, el que piensa estar firme, mire que no caiga” (1 Corintios 10:12). Nadie está exento de fallar. Al criticar a quienes caen, olvidamos que mañana podríamos ser nosotros los que necesitemos misericordia y ayuda.


2. Sigamos el ejemplo de Cristo


Jesús no vino a condenar, sino a restaurar. Cuando Pedro lo negó tres veces, Cristo no lo rechazó. Lo perdonó y lo levantó para que fuera un pilar de la iglesia. Ese es el modelo que debemos seguir: restaurar, no destruir.


3. Cambiemos la crítica por la oración


En lugar de hablar mal de quien ha fallado, la invitación es a orar por él. La crítica nunca cambia vidas, pero la oración abre puertas para que el Espíritu Santo sane y transforme corazones.


4. Seamos comunidad de apoyo, no de juicio


La iglesia es un hospital de almas, no un tribunal. Si cada creyente se convierte en un reflejo de gracia, quien ha fallado encontrará un espacio seguro para levantarse y no un lugar donde se sienta rechazado.



Cristo no nos amó por ser perfectos, sino a pesar de nuestras imperfecciones. Amar como Él amó significa tender la mano, levantar al débil y acompañar a quien lucha.

Cuando dejamos de criticar y empezamos a restaurar, la iglesia se convierte en el verdadero hogar de los que necesitan gracia. Estamos llamados a levantar, no a derribar. Criticar a quien cae no refleja el corazón de Cristo; restaurarlo sí.

Si cada uno de nosotros cambia la crítica por la compasión y el señalamiento por la oración, la iglesia será un lugar de gracia donde todos puedan encontrar perdón, esperanza y un nuevo comienzo en Jesús.


Recuerda: La crítica hiere, pero la gracia restaura.

 
 
 

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