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El reconocimiento de Mardoqueo



Mardoqueo fue reconocido por Dios cuando lo usó para salvar a su pueblo, el pueblo judío. Él instruyó a su sobrina desde pequeña, la cuidó en cada etapa y la guió incluso cuando ella ya era reina.

Fue reconocido ante los demás cuando su vida no terminó, sino que, en cambio, Dios lo honró delante de todo un pueblo.


En la noche en que el rey no podía dormir, pidió que le trajeran el libro de las memorias y que lo leyeran en su presencia. Entonces hallaron escrito que Mardoqueo había denunciado el complot de Bigtán y de Teres, dos eunucos del rey de la guardia de la puerta, que habían intentado hacerle daño al rey Asuero.


Y el rey preguntó: “¿Qué honor o qué distinción se le ha hecho a Mardoqueo por esto?”.

Sus oficiales respondieron: “No se ha hecho nada con él”.

Entonces, el rey preguntó: “¿Quién está en el patio?”. Y Amán había ido al patio exterior de la casa real para hablar con el rey y pedirle que colgara a Mardoqueo en la horca que él mismo le había preparado.


Los servidores del rey le respondieron: “Aquí está Amán en el patio”. Y el rey dijo: “Que entre”.

Entró, pues, Amán, y el rey le dijo: “¿Qué se le hará al hombre a quien el rey desea honrar?”.


Amán pensó para sí: “¿A quién deseará honrar el rey más que a mí?”.

Y Amán respondió al rey: “Para el hombre a quien el rey desea honrar, traigan el vestido real que usa el rey, el caballo en que cabalga y la corona real que está puesta en su cabeza.


Entreguen el vestido y el caballo a uno de los príncipes más nobles del rey, y vistan a aquel hombre, a quien el rey desea honrar. Llévenlo a caballo por la plaza de la ciudad y proclamen delante de él: ‘Así se hará al hombre a quien el rey desea honrar’”.


Entonces el rey dijo a Amán: “Date prisa, toma el vestido y el caballo, como tú has dicho, y hazlo así con el judío Mardoqueo, que se sienta a la puerta real; no omitas nada de lo que has dicho”.


Dios lo reconoció y lo guio en todo momento hasta que cumplió su propósito en su pueblo y en su vida. Mardoqueo nos enseña que lo que más cuidó fue su corazón para ser reconocido por Dios y poder hacer su voluntad. Así, su pueblo no volvería atrás, al contrario, sería una historia con una fecha memorable.


Hoy te pregunto:


¿Eres reconocido por tu Padre?


Hoy eres reconocido por tu Padre para marcar la historia. No fuiste llamado solo para ti, sino para hacer algo por los demás, para ser la respuesta en medio de la necesidad.

Recuerda que cada acción, cada palabra y cada obra que hagas con amor se convierte en tu carta de recomendación delante de Dios y de los hombres. Así como Mardoqueo nos enseña que la verdadera honra viene de servir, tú también estás llamado a dejar huella.

 
 
 

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