¿Estamos dispuestos a agradar más a Cristo que a la gente?
- Pastor Rubén Saborío
- 3 ene
- 2 Min. de lectura

En estos días hemos visto cómo, una vez más, surge el tema de la persecución a los cristianos. No es algo nuevo. Desde los tiempos bíblicos, seguir a Cristo siempre ha tenido un costo.
En la Biblia vemos que Jesús fue juzgado bajo la autoridad de Poncio Pilato. Aunque Pilato no inició personalmente una persecución sistemática contra los cristianos —pues la iglesia aún estaba naciendo—, sí permitió la crucifixión de Jesús por presión política y religiosa. A partir de ese momento, la persecución se intensificó: primero por líderes religiosos y luego por autoridades romanas. Seguir a Cristo nunca ha sido un camino fácil.
La persecución no siempre lleva cadenas
Hoy, la persecución no siempre se manifiesta en cárceles o martirio. Muchas veces toma formas más sutiles, pero igualmente dolorosas:
burlas
rechazo
señalamientos
discriminación por valores y convicciones
En Costa Rica, durante votaciones pasadas, muchos cristianos se sintieron perseguidos o atacados por lo que pensaban, por lo que creían o por apoyar a un candidato identificado con valores cristianos. No se trató solo de política, sino de fe, de principios, de convicciones.
Ahora se acercan nuevas elecciones, y surge la pregunta:
¿Volverá a pasar lo mismo?
No lo sabemos. Pero sí sabemos algo: como cristianos, siempre hemos sido llamados a mantenernos firmes, sin importar el contexto.
La pregunta que incomoda
En medio de todo esto, surge una pregunta profunda y honesta:
¿Estamos dispuestos a hacer más por Cristo, aun cuando somos perseguidos?
Porque no se trata solo de defender nuestra fe con palabras, sino de vivirla con hechos. A veces decimos que amamos a Cristo, pero:
no damos buen testimonio a nuestros vecinos
no reflejamos a Cristo en nuestra familia
actuamos igual que el resto, “como el montón”
Y entonces, tristemente, damos razones para que otros hablen mal del cristianismo. No por Cristo, sino por nuestra conducta.
No somos perfectos, pero sí responsables
Claro que no somos perfectos. Todos fallamos. Pero amar a Cristo sobre todas las cosas debe notarse. El cristianismo no es solo ir a la iglesia ni publicar versículos; es una forma de vivir, de hablar, de perdonar, de amar y de actuar con integridad.