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LA FE


La vida es una aventura, sin importar cómo la veamos. En esas aventuras, unas serán más restantes que otras, y cuando las estamos viviendo solemos preguntarnos: ¿Cómo saldremos de esto? Se tiende a pensar que el plan que tenías ya no funcionará, que no hay salida viable… sientes que el mundo se te vino encima.


Recuerdo cuando mi esposo entró de emergencia al hospital por un aneurisma cerebral. En ese momento estaba en shock, no sabía qué iba a pasar; solo vivía el instante. Era cuestión de vida o muerte. Los doctores me llamaron y me dijeron: “Debes firmar este documento para poder operarlo. Hay un riesgo muy alto de muerte, pero si no lo intervenimos, no dejará de vomitar ni de quejarse del dolor tan intenso”.


Yo dije en mi interior: “Señor, firmaré. Te dejo a mi esposo en tus manos”. Era fin de semana. Lo intervinieron de emergencia, pero el primer método no funcionó. Al día siguiente me informaron que debía entrar nuevamente a cirugía, esta vez tocando la parte frontal de su cerebro. Recuerdo como hoy pedirle al neurólogo del Hospital San Juan de Dios que me permitiera orar por él. Le pregunté si creía en Dios y me respondió: “¡Claro que sí!”. Entonces oré por el doctor, para que fuera Dios quien lo guiara a él y a los tres especialistas más que lo acompañaban.


La operación duró alrededor de nueve horas. Fueron horas de tensión. Nos separaba una pared, y de mi lado se escuchaba la sierra que usaban para abrir el hueso y poder llegar a la arteria que debían reparar. Fueron horas eternas. Uno de los familiares se me acercó y me preguntó: “Si él queda en silla de ruedas, ¿aun seguirás con él?”. Me sentí tan ofendida; me pareció una falta de respeto. Le respondí: “Si él quedara así, aun así lo cuidaría”. Lo vi como la voz del enemigo sembrando dudas, pero contesté con firmeza: “Creo que Dios hará algo por él”.


Cuando salió de la operación, el neurólogo nos dijo que había sido un éxito. Fue tan sorprendente que nos aseguró que médicamente mi esposo estaba recibiendo la gracia de Dios en su vida, pues solo el 5% de los pacientes que sobreviven pueden caminar o llevar una vida normal. Dios realmente lo operó.

Pero luego vendría otro reto: la recuperación del cerebro. Mi esposo empezó a convulsionar durante casi cinco años, en diferentes etapas, mientras su cerebro se reparaba. Fue muy difícil.


Contarlo aquí parece sencillo, pero vivirlo no lo fue. En medio del proceso tuvimos que tener fe para creer que él no tendría más convulsiones. Perdió muchos trabajos por esa razón y pasó gran parte del tiempo de recuperación sin empleo. Aun así, siempre vimos la mano poderosa de Dios sosteniéndonos en los gastos de la casa.


Hoy, para gloria del nombre de JESÚS, mi esposo está completamente sano y con trabajo.

Este blog quise llamarlo LA FE, porque en la aventura de la vida tendrás que usarla sí o sí: para salir de las peores situaciones y también para mantener los mejores momentos de tu vida. Para todo requieres fe.


Lo más hermoso es que cuando la practicas, tu corazón se llena de esperanza y además agradas al Padre. Y cuando llega el milagro, el nombre de JESÚS es glorificado.

Así que no sé en qué parte de la aventura de la vida te encuentras: si estás arriba o abajo. Pero créeme, como tu hermana en Cristo, que si no sueltas las palabras de fe de tu boca, tu situación cambiará y verás al Dios de poder trabajando a tu favor.


Hebreos 11:1  “Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve.”


 
 
 

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