La honestidad del cristiano: cuando Dios nos prueba
- Pastor Rubén Saborío

- 12 dic 2025
- 2 Min. de lectura

Quiero compartir este testimonio no para exaltarme a mí, sino para glorificar a Dios y afirmar que la honestidad sigue siendo un valor fundamental en la vida cristiana.
Ese día estaba trabajando normalmente. Realicé un viaje y una señora debía pagarme ₡2.600 colones, pero por error me depositó ₡26.000colones. Cuando vi el monto reflejado en mi cuenta, de inmediato supe que ese dinero no me pertenecía.
Tal vez para muchas personas hubiera sido fácil quedarse calladas y decir: “Fue error de ella, no mío”. Pero en mi corazón sentí algo muy claro: lo que no es mío, no es mío.
La decisión correcta
Sin pensarlo mucho, devolví el dinero. No lo hice esperando aplausos ni recompensa, lo hice porque así nos enseña Dios. La Biblia nos llama a vivir en integridad, aun cuando nadie nos ve, aun cuando parece que “nadie se dará cuenta”.
Ser cristiano no es solo hablar de Dios, es vivir conforme a Sus principios en las decisiones pequeñas y grandes de la vida.
Cuando Dios prueba el corazón
Creo firmemente que muchas veces Dios nos prueba. No siempre la prueba viene en forma de dificultad; a veces viene en forma de oportunidad: una oportunidad para fallar o para obedecer.
Ese dinero extra fue una prueba para mi corazón. Una prueba de honestidad, de carácter y de temor de Dios.
La bendición después de la obediencia
Algo que me marcó mucho fue que ese mismo día me fue muy bien. Dios me permitió tener buenas ganancias. No digo que devolví el dinero para recibir algo a cambio, pero sí creo que Dios honra la obediencia y la integridad.
La bendición de Dios no siempre llega de inmediato ni de la forma que esperamos, pero Él ve cada decisión que tomamos con un corazón sincero.
Vivimos en un mundo donde la deshonestidad muchas veces se normaliza, pero como cristianos estamos llamados a ser diferentes. A veces devolver lo que no es nuestro cuesta, pero la paz que se siente al hacer lo correcto no tiene precio.
Que este testimonio nos recuerde que:
Dios ve lo que nadie ve.
La honestidad agrada a Dios.
La obediencia trae bendición.
Que cuando Dios nos pruebe, podamos responder con un corazón recto, sabiendo que vale más agradar a Dios.



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