La unción y el carácter: dos columnas del ministerio verdadero
- Profeta Mauricio Jiménez

- 17 jul 2025
- 2 Min. de lectura

Vivimos tiempos donde muchos buscan la unción de Dios como señal de poder, éxito o influencia. Se valora la habilidad para predicar, cantar, sanar o profetizar. Sin embargo, hay una verdad que nunca cambia: la unción puede abrirte puertas, pero solo el carácter te mantendrá dentro de ellas.
¿Qué es la unción?
La unción, en la Biblia, representa el respaldo sobrenatural del Espíritu Santo sobre una persona para cumplir un propósito específico. Jesús mismo fue “ungido por Dios con el Espíritu Santo y con poder” (Hechos 10:38), y esa unción lo capacitó para sanar, liberar y predicar. La unción es esencial, pero no lo es todo.
¿Y qué es el carácter?
El carácter es lo que somos cuando nadie nos ve. Es el conjunto de valores, principios y decisiones constantes que revelan nuestro verdadero corazón. El apóstol Pablo enseñó que uno de los requisitos del ministerio no era solo el don, sino la madurez del carácter: “sean irreprensibles, sobrios, prudentes...” (1 Timoteo 3:2).
La gran verdad: Dios unge vasos limpios, no solo talentosos
Saúl fue ungido como rey (1 Samuel 10), pero su carácter lo llevó a la desobediencia, la envidia y la caída. En contraste, David también fue ungido (1 Samuel 16), pero antes que rey, fue un hombre conforme al corazón de Dios. Su carácter fue forjado en el anonimato, en los campos con ovejas, y más tarde en cuevas, huyendo de su enemigo.
La unción impresiona, pero el carácter impacta. La unción viene de Dios, pero el carácter se forma con Dios.
Tres principios que debemos recordar
1-La unción es un don, el carácter es una elección.
No elegimos ser ungidos, pero sí podemos decidir ser fieles, honestos y humildes.
2-El carácter sostiene la unción.
Jesús fue lleno del Espíritu (Lucas 4:1), pero también fue obediente hasta la muerte (Filipenses 2:8). Nunca usó su poder sin estar alineado con la voluntad del Padre.
3-Dios busca vasos disponibles y confiables, en 2 Timoteo 2:21 dice: “Así que, si alguno se limpia de estas cosas, será instrumento para honra, santificado, útil al Señor, y dispuesto para toda buena obra.”
El enemigo no teme tanto tu unción como teme tu carácter. Porque alguien ungido y sin carácter puede destruir lo que Dios edificó en años. Pero alguien con carácter, aunque tenga poca visibilidad, será una roca firme en las manos del Señor.
Oremos para ser ungidos, sí, pero sobre todo para ser moldeados. Que la presencia de Dios fluya a través de nosotros, y que el carácter de Cristo se refleje en cada palabra, decisión y acto.



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