top of page

Ministerios misteriosos



Crecí en la iglesia y, con el tiempo, un profundo deseo por servir a Dios y agradar a su corazón se encendió en mí. Aprendí, me formé y puse atención a cada paso del camino. Y si me preguntas, no fue nada fácil. Pasé por cosas tan difíciles, o peores, que las tuyas. Pero de algo estaba segura: sin Él, mi Dios y mi Padre, yo no soy nada. Créeme, si no fuera por Él, no estaría aquí. Simplemente no quería alejarme de su presencia. Cada cosa que viví, por más terrible que fuera, me acercaba más a Él, y cada regalo que me daba me hacía amarlo aún más, porque somos inmerecedores de lo que Él decide darnos con su gracia y misericordia.


Pero en el camino, no sé por qué, tal vez en mi ingenuidad, pensé que quienes estaban a mi lado —niños, jóvenes y adultos— también tenían ese anhelo y amor por Dios. Gente con la que serví, adoré y compartí se alejó de su propósito. Dejaron que la llama se apagara, se dejaron abrazar por el pecado, el conformismo, la apatía, la incredulidad y se convirtieron en esclavos del mundo. Desafortunadamente, vieron a Dios como una etapa y no como un todo, y eso, en muchas ocasiones, trajo tristeza a mi corazón.


He visto cómo personas con dones impresionantes decidieron guardarlos en un cajón, ya sea por descuido, desánimo, desconocimiento, traición, falta de guía espiritual, enojo, sufrimiento o porque las lastimaron. O, simplemente, porque decidieron darle prioridad a otras cosas o personas y trataron de llenar así sus vacíos, con una vida tan ocupada que le quitaron el lugar a aquel que los amó primero, a aquel que desde un principio les dio la vida, los marcó y predestinó para ser personas extraordinarias que portan lo que este mundo necesita para ver el amor de Dios.


También he visto cómo algunos dentro del evangelio han apartado su oído de la voz de Dios para prestarle atención al hombre, dejando de lado las convicciones que el mismo Espíritu Santo les dio. Justifican sus acciones con una supuesta "obediencia", pero en realidad es para ocultar su falta de carácter, ya que, si no somos sensibles a la voz del Espíritu Santo, no podemos pretender que estamos en lo correcto. Por eso, dice su palabra en Santiago 4:17: "Y al que sabe hacer lo bueno, y no lo hace, le es pecado".


Lo más triste de todo es ver a pastores, profetas, maestros, apóstoles y evangelistas con vestiduras distintas a su asignación, realizando "ministerios misteriosos" porque ni el mismo infierno los conoce. No se puede ejercer autoridad cuando no se acepta el llamado. "Si no honras el manto que Dios te dio, no le estás honrando a Él".


¡No te quedes en el anonimato!

Si estás leyendo esto y te identificas con alguna de estas personas, quiero que sepas que esto no es para juzgarte. Es una confirmación de parte de Dios para que sepas que te ama, te sigue esperando y solo quiere que hagas lo que te corresponde. No dejes que el reloj siga su curso y tú sigas caminando en la dirección contraria a lo que Dios diseñó para ti.

Cristo viene pronto. Procura que te encuentre haciendo su voluntad y no la tuya.

 
 
 

Comentarios


  • Instagram
  • Facebook
  • YouTube
bottom of page