Amar entre heridas y silencios
- Pastor Rubén Saborío

- 20 sept 2025
- 2 Min. de lectura

Yo amo a mi madre. La vida nos tocó vivirla juntas, solas. Mi papá sabe que existo, pero nunca me reconoció como hija, y su familia ni siquiera sabe que estoy aquí. Esa ausencia me marcó, pero al mismo tiempo me unió aún más a mi madre, porque ella fue quien lo dio todo para sacarme adelante.
Fueron tiempos difíciles. Mi madre trabajó en sodas y en todo tipo de empleos, siempre corriendo, siempre luchando, siempre con un afán que no le dejaba tiempo para detenerse. Gracias a ella nunca me faltó lo necesario, pero en lo emocional crecimos con una herida abierta. A veces siento que entre nosotras hubo pan en la mesa, pero faltaron abrazos, palabras de aliento, miradas de ternura.
Hoy seguimos juntas, aunque ya cada una tiene su espacio. Vivo con mi esposo y mi hijo en la misma propiedad que ella, pero por separado. Y aunque compartimos el terreno, no siempre compartimos la paz. Las conversaciones terminan en enojo, sus palabras me lastiman, y por más que intento arreglar las cosas, es como si algo siempre nos volviera a romper.
No es que falte amor: el amor está, lo sé, pero está escondido entre silencios, heridas y tensiones que nunca logramos sanar del todo. Cada día la convivencia se hace más difícil, y sin embargo aquí seguimos, intentando, cayendo y levantando, con la esperanza de que algún día podamos mirarnos con más ternura que enojo.
Conclusión
La relación con mi madre ha sido un camino de amor y lucha, de heridas y aprendizajes. Aunque muchas veces sentimos que no logramos entendernos, sigo creyendo que el amor es más fuerte que las palabras que hieren o los silencios que duelen. Dios me recuerda cada día que honrar a mi madre es también aprender a perdonar, soltar y seguir adelante.
Hoy elijo confiar en que aún en medio de las tensiones, podemos encontrar momentos de paz. No se trata de tener una relación perfecta, sino de seguir intentando, de reconocer lo que cada una ha dado y de aprender a amarnos con nuestras cicatrices. Al final, lo importante es que seguimos caminando juntas, y eso ya es un milagro en medio de tanta prueba.



Comentarios