Cuando el COVID tocó a nuestra puerta: fe, lucha y propósito
- Pastor Rubén Saborío

- 16 ago 2025
- 3 Min. de lectura
"Testimonios que inspiran, vidas que glorifican a Cristo."

Testimonio # 8
El inicio de la prueba
Yo trabajaba para una empresa de supermercados en plena pandemia, en el área de distribución. Uno de mis compañeros empezó a presentar síntomas de COVID y, sin saberlo, me contagió.
Cuando fui al hospital no quisieron hacerme la prueba; dijeron que era una “histeria colectiva” y que lo mío era una infección de glándulas. Sin embargo, a los pocos días perdí el gusto y el olfato. Ya no había duda: tenía COVID.
Al recibir un diagnóstico equivocado, no tomé las precauciones necesarias y seguí en casa. Ahí comenzó una de las pruebas más duras de nuestras vidas.
La enfermedad en casa
Mi esposa, que trabajaba desde casa, se contagió y su cuadro fue grave: le faltaba el aire, el oxígeno en sangre bajaba peligrosamente y yo debía darle medicinas cada dos horas, incluso en la madrugada, mientras cuidaba a nuestro hijo y trataba de cumplir con mi trabajo.
La enfermedad avanzó tanto que tuvo que ser internada.
El hospital y la lucha espiritual
Fue trasladada al hospital psiquiátrico, un lugar que para nosotros tenía un ambiente espiritual muy pesado, cargado por las enfermedades mentales y la opresión que ahí se sentía.
Ella me contaba que veía una cama en la que, a las personas que se la asignaban, morían; otras eran intubadas y nadie sabía su paradero.
El estado de mi esposa era crítico. Le pusieron una cánula de alto flujo para darle oxigenación suficiente y muchos medicamentos para evitar que muriera. Pero lo que más la angustiaba no era solo el dolor físico o el riesgo de muerte; su mayor dolor era pensar que moriría sin cumplir el propósito que Dios le había revelado.
Una oración en medio del dolor
Entre lágrimas, oraba: "Señor, no me lleves porque no he cumplido tu propósito aquí en la tierra. No he visto realizados tus sueños para mí.”
En ese momento escuchó en su interior una voz que le dijo: "Muchos quieren parecerse a Jesús, pero tú no has pasado ni lo blanco de la uña de lo que mi Hijo pasó.”
Esa respuesta la fortaleció. Entendió que estaba viviendo un propósito, aunque no lo comprendiera del todo, y decidió seguir luchando.
El rescate del valle de muerte
Días después, fue dada de alta. No podía caminar bien ni respirar con normalidad, pero había vencido. Cuando fui a recogerla, me dijeron: "No se baje del auto, espere que ella se suba y solo llévesela.”
Sentí como si estuviera rescatando a mi esposa de las mismas puertas del infierno.
El proceso de restauración
Comenzó entonces un proceso de recuperación: aprender a caminar de nuevo, respirar mejor y, sobre todo, liberarse de las influencias espirituales oscuras que había enfrentado en ese hospital. Con oración y fe, vimos cómo esas cadenas fueron rotas.
Hoy, este testimonio es para recordar que incluso en el valle más profundo, Dios sigue obrando. La vida no se trata solo de sobrevivir, sino de cumplir el propósito para el que fuimos creados.
El COVID fue una de las pruebas más duras que enfrentamos como familia, no solo en el cuerpo, sino también en el alma y en el espíritu. Aprendimos que la vida puede detenerse en un instante, pero el propósito de Dios permanece firme.
Aunque la enfermedad quiso robar el aliento y la esperanza, la fe nos sostuvo y nos recordó que mientras tengamos vida, todavía hay tiempo para cumplir el plan que el Señor trazó para nosotros.
Vivir no es solo respirar… es caminar cada día hacia lo que Dios nos llamó a hacer.



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