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Fui a la iglesia a buscar a Dios, pero me encontraron los prejuicios.

"Testimonios que inspiran, vidas que glorifican a Cristo."


Este blog nace de una experiencia real, marcada por el dolor, pero también con un propósito claro en nuestras vidas: contar historias y situaciones que hemos vivido. Creemos que, al compartirlas, podemos ayudar a muchas personas que se sienten excluidas, juzgadas o heridas en diferentes momentos de sus vidas, incluso dentro de entornos que deberían estar llenos de amor.


Testimonio:

Nombre Anónimo.

Edad: 67 años


Esto me ocurrió cuando era joven. En ese momento, estaba en casa lidiando con muchos problemas, uno de ellos con mi esposa. Parecía que íbamos a separarnos debido a diversas situaciones. Ante tanta dificultad, decidí ir a una carpa (iglesia) que estaba cerca de mi hogar. Fui, y Dios, en su infinita misericordia, me recibió con los brazos abiertos y me convertí en su hijo, que estaba descarriado.


Los problemas no desaparecieron, pero con Dios, el camino era más fácil.

Un día, el pastor preguntó quién quería ir a evangelizar a las calles, y yo, en ese momento, levanté la mano. Al día siguiente, nos tocaba evangelizar con varios hermanos de la iglesia. Yo era una persona con muchas limitaciones, y una de ellas era económica. No tenía dinero para comprar un buen traje o ropa nueva. Fuimos a evangelizar, y me puse lo mejor que tenía. Sin embargo, un hermano no quería ir conmigo. No le di importancia en ese momento.

Después le pregunté a otro hermano qué pasaba, y me dijo que no querían ir conmigo porque mi ropa era muy fea y no era adecuada para la ocasión. En ese instante, me sentí muy mal y humillado. Me dolía el corazón y me preguntaba por qué los hermanos de la iglesia veían mi vestimenta tan mal. Te soy sincero, me aparté de la iglesia y, aunque después volví, me costó mucho debido a esa situación en mi vida...

Me pregunté cuántas veces, sin darnos cuenta, dejamos que los prejuicios nos cieguen. ¿Cuántas bendiciones hemos perdido por juzgar a alguien por su aspecto? Jesús mismo vino humilde, y muchos no lo reconocieron.

1 Samuel 16:7 RVR 1960
“Pero Dios le dijo: «Samuel, no te fijes en su apariencia ni en su gran estatura. Este no es mi elegido. Yo no me fijo en las apariencias; yo me fijo en el corazón».”

Hoy aprendí que la iglesia debe ser un lugar de amor, no de juicio. Porque la verdadera grandeza se lleva en el corazón, no en la ropa.

1 comentario


Silvia Rojas
Silvia Rojas
05 jul 2025

Amén

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