La redención de papá
- Pastor Rubén Saborío

- 2 ago 2025
- 3 Min. de lectura
Actualizado: 9 ago 2025
"Testimonios que inspiran, vidas que glorifican a Cristo."

Hoy quiero compartirles el testimonio de un hermano que, por respeto a su solicitud, permanecerá en el anonimato. Él nos pidió no revelar su nombre ni su edad, y nosotros honramos su decisión. Les invito a leer este poderoso testimonio y ser edificados a través de su experiencia.
Testimonio # 6
Cuando el dolor no tiene la última palabra
Mi papá fue un niño con sueños, con cuadernos y lápices... pero también con lágrimas que nadie veía. Su infancia estuvo marcada por el alcoholismo de su padre, quien no solo se llevaba todo de la casa para seguir bebiendo, sino que también maltrataba a mi abuela.
En medio de esa oscuridad, mi papá, siendo el mayor de cuatro hermanos, tuvo que dejar la niñez atrás para trabajar y sostener a su familia.
Lavaba carros mientras otros niños jugaban y fue allí, en medio de esa vulnerabilidad, donde sufrió un abuso que marcó su vida para siempre. Nadie lo protegió, nadie lo consoló, y esas heridas silenciosas se convirtieron en cadenas que lo persiguieron por años.
Creció, se casó con mi mamá y tuvieron cinco hijos. Sin embargo, su corazón, aún lleno de rabia, dolor y confusión, lo llevó por caminos de infidelidad, alcohol y abandono. Mi mamá, cansada del rechazo y la falta de amor, se apagó emocionalmente y dejó de cuidar el hogar. Nosotros, sus hijos, fuimos testigos del derrumbe de dos vidas rotas.
El matrimonio se rompió. Mi papá siguió buscando compañía en otras mujeres y, aunque encontró a una mujer buena que lo ayudó, él nunca cambió del todo porque el resentimiento seguía ahí, profundo, sin tratar, y sus heridas lo gobernaban.
La debilidad se convierte en salvación
Hasta que un día, su cuerpo dijo basta: tuvo varios micro infartos, presión alta y terminó en el hospital. Fue allí, en la debilidad, en ese lugar donde la vida cuelga de un hilo, donde Dios lo alcanzó.
Tuve el privilegio de hablar con él, de decirle que no todo estaba perdido, que Dios lo estaba llamando. En ese momento, hizo la oración de fe, perdonó, se reconcilió con Dios y con su historia. Aceptó la gracia de Jesús y le entregó su corazón.
Dios lo recibió. Y aunque su vida terrenal terminó poco después, sabemos que su alma fue salvada, que él está con el Señor. Se fue en paz y se fue libre.
¿Por qué esperar tanto?
Pero no dejo de preguntarme: ¿Por qué tuvo que llegar hasta ese punto? ¿Por qué tuvo que pasar por tanto para recién al final mirar al cielo?
Estoy convencido de algo: Dios tenía planes con mi papá, planes de sanidad, de restauración, e incluso de ministerio, pero las heridas, el silencio, la falta de ayuda y la dureza de su pasado fueron obstáculos difíciles de superar.
Y aunque no pudo cumplir su asignación completa en esta tierra, cumplió la más importante: volvió a Dios antes de partir.
Un llamado para ti
Para quien lee esto hoy: Si llevas dolor por dentro, si arrastras cadenas del pasado, si estás lejos de Dios por culpa de lo que otros te hicieron, no esperes a una cama de hospital para volver al Padre.
Dios te ama. Te está llamando ahora.
No dejes que tu historia solo tenga redención al final. Permite que tenga restauración hoy. Porque la vida puede doler, sí. Pero con Dios, el dolor no tiene la última palabra.



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